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LA SÉPTIMA PLAGA

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Por Francisco Ruiz

 

Marín, Moreira, Duarte de Ochoa, Duarte Jáquez, Padrés, Borge, Medina, Yarrington, Hernández, Reyna, Aguirre, Vega de la Madrid…pareciera que se trata de un pase de lista pero no, no lo es, aunque me gustaría que lo fuera si se tratara de una correccional.

El desencanto ciudadano de la política se agrava cada momento, cuando los gobernadores ávidos de codicia y ajenos de sensibilidad social, lucran con la esperanza, con la necesidad y hasta con la apatía de la gente.

¿Qué opino sobre la corrupción? Que es un cáncer lacerante en nuestra sociedad que debe extirparse. Y aunque todas las opiniones merecen mi respecto, disto mucho de compartir la absurda aseveración sobre que la corrupción es un asunto de índole cultural, tampoco lo considero genérico.

Si bien es cierto que la falta de una cultura de participación ciudadana activa, consciente y responsable es indiscutiblemente necesaria y urgente, tampoco podemos jugar a señalar al de enfrente sin reconocer que el primer señalado debe ser nuestro reflejo frente al espejo.

A diferencia de los polémicos y excéntricos casos de corrupción conocidos en el pasado, hoy en día la relativa facilidad para acceder a la información pública acompañado de la ágil comunicación digital, nos permite conocer y reconocer en quien recae la sospecha de la corrupción.

Es importante recordar que la corrupción nace desde muchas trincheras: aceptar un cargo para el cual no estamos preparados en cualquiera de sus niveles, ofrecer dadivas a la autoridad cuando hemos violentado la ley, el nepotismo y el tráfico de influencias, son algunas de las múltiples formas en que logramos corromper el desarrollo del sistema político, económico y social.

Entonces, ¿qué hacer al respecto? ¡Actuar! Es fundamental adoptar el hábito del bien informarnos y no conformarnos con los encabezados amarillistas o los burlescos memes de las redes sociales. No se trata sólo de recabar información sino de aprender a aplicarla, que deje de ser “letra muerta” en los empolvados libros y se vuelva una práctica cotidiana en nuestras vidas; esa, esa no es responsabilidad de la autoridad, es un deber ciudadano.

Hay que recalcar que en nuestra ley abundan los vacíos legales tanto como los privilegios cupulares que obstaculizan la depuración de nuestro sistema para deshacernos de los seudo-políticos y que estos asuman las justas consecuencias de sus actos. Es como pretender almacenar agua en la palma de nuestras manos, así son los pillos, escurridizos.

El reto que tenemos al frente es salir de nuestra zona de confort, nos hemos quejado lo suficiente, es momentos de concretar la transformación pero de nuestra propia conciencia; lo delicado de ello, es que se trata de una cuestión de ética y de voluntad.

 P. S.- Quien esté libre de pecado…

 

Francisco.RuHe@gmail.com

@FcoRuHe

*El autor es cofundador del Instituto Otero y Mestas, Secretario Estatal de Fundación Colosio y miembro activo de la APBC.

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